Memoria y plegaria

Nada cabe en las horas de un día muerto,

se describe el llanto sin pensamiento fino,

deshilado

roto

desmembrado

cadavér putrefacto que besa los labios.

Todo carece de nombre,

los brazos, el torso, el sexo,

polvo

en la punta de los dedos…

                              [un avión hace eso en el silencio]

Son las permanencias 

las que rasgan la memoria,

el mañana que es otro mañana 

que una mañana olvidaremos al amanecer.

Cautivos los pensamientos 

muertos el adiós y el fin,

la historia se baña 

en el perdón de la desmemoriada palabra.

Amor 

es una grieta en los ojos

pinchón en el hipotálamo

una plegaria a la muerte

con los labios sellados.

Recibir el mundo

                                                          a Roberto (enero 2016)

Guardo la lluvia de tus labios

                                              en el bolsillo del día,

y los picoteos de una mañana sin prisas,

aguanieve que me escarcha el mundo

cuando a la vida le da por ser la vida.

Tu mano a ciegas llama la mía,

como mis cabellos invocan tu sonrisa

y las hojas 

a coro suspiran al tiempo

                                    que juega a las escondidas.

Estoy ahí 

contigo,

recostada al sol de tus sueños inquietos.

Estoy aquí 

contigo,

escribiendo sobre el universo en blanco que me obsequiaste

desde hace un año. 

De temporada

Hay temporadas que el corazón se congela,

la nada se repite, repite, repite

como un mausoleo

suspendido…

Encender un cigarro

[a la luz de los conjuntos de letras apiladas en los estantes del librero]

así sin prisa

con luz de miel,

observar los títulos

[recordar las historias detrás de las historias]

y pensar que, la poesía siempre será poca.

Tarde

Se apartan los segundos del día

en la desnudez del ocaso

sólo abren los silencios

deshojados

otoñales

cansados de la plenitud de las horas.

Las nubes se abrazan

en compás suspendido

amorosas

con aroma a mandarina

comsumidas

en un fuego infinito.

De-canto

Un día

que pudo ser domingo

o cualquiera otro sin nombre,

con las buenas noches en los labios

el pecho revienta

no de pena

no de ausencia.

Lleno de hojas secas

y abrazos de agua,

hoy

los silencios se coordinan,

el cuerpo está en canto.